miércoles, 1 de febrero de 2012

La magia

Después de tanto tiempo sin dejarme caer por aquí por fin vuelvo. Retomar ciertas cosas nunca es sencillo y menos si en ella implicas sentimientos ¿no? Hablar es muy fácil, demasiado fácil incluso. Lo difícil es hacerse entender por eso digo que… Bueno da igual.
Creo que me hago mayor. Sí. Últimamente lo pienso a menudo y definitivamente no quiero crecer. ¿Qué inmadura no? Quiero decir…
Veréis no es que no quiera ser responsable, no es eso no. Es que no quiero perder la magia. Esa magia que tienen los niños en sus ojos. La magia de la inocencia, de la ignorancia, de sentirse tan grandes cuando son pequeños y… Fijaos, no puedo pasar por alto el decir que cómo cambian las cosas si a veces somos los grandes los que nos sentimos tan pequeños…
Y que da igual lo que pase por que siempre tendrás a los aitas para protegerte de los males del mundo como superhéroes invencibles que son ¿miento? Dulce magia.
¿Y qué si quiero empezar la casa por el tejado, pintar árboles morados y el sol y la luna dados de la mano? Si sé que lo van a colgar en la nevera con un imán de algún viaje a Torremolinos de algún familiar que probablemente no recuerde tapando mi anterior dibujo, ese en el que pinté a mi padre, a mi madre y a mi hermana mayor en un descampado verde, un árbol, una casa y un sol.
Y esa será mi mayor obra de arte y cuando vengan los aitonas lo verán y se pondrán a mi altura para comentar sobre lo bonitos que son mis árboles morados… y otra vez esa magia.
En fin pero lo que toca es lo que toca y ya van casi veinte primaveras las que he vivido ¡Y qué primaveras! Eso sí, pienso caminar de la mano con esa niña que aún llevo dentro y que por muchas veces que se me escape yo vuelvo a encontrar escondida en algún rincón con esa sonrisa llena de… Esa sonrisa llena de magia.

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