miércoles, 22 de febrero de 2012


Sopla el viento una noche más en mi jardín y otra vez tú y yo. Yo aquí en la escalera y tú sabe Dios dónde.
Otra vez miro al cielo y sonrio, te sonrio y entonces se que tú, allí, estarás haciendo lo mismo. Y cierro los ojos y te veo, te intuyo, te siento e incluso huele a tí.
Es entonces cuando te echo de menos y aprieto el aire contra mi pecho como queriendo abrazar el universo entero en un segundo.
Después me encaro con la noche por que ya no me escucha. Y le grito y le araño y le muerdo si hace falta y sigue ahí impertérrita haciendo caso omiso a mis plegarias y la odio. Odio la noche, las estrellas, la oscuridad y todo lo que me separa de ti.
Y otra vez se enciende la luz de casa, ya va siendo hora de entrar. Con el último te quiero me despido de ti, y a la noche le juro que volveré mañana.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Frio pero soleado



Allí estábamos los dos perdidos en aquel bosque, sentados y bebiendo como si de un sábado noche se tratase pero no, era un martes, frio pero soleado.

Y con nuestra cerveza calentándose a cada trago nos contábamos de la vida, de recuerdos .Y en los momentos de silencio surgía la música de ése móvil sin cobertura y a medio cargar que se hacía uno con el paisaje, se sintonizaba con los enormes pinos que parecían estar atentos a todos nuestros movimientos.

Intercalando cigarrillos y canciones el alcohol iba haciendo efecto y que agradable borrachera, que felicidad tan nuestra. No sé cuánto tiempo pasamos en aquel lugar pero la verdad tampoco quiero saberlo, se estaba tan bien...

Ahí me di cuenta colega de que lo que no ha podido con nosotros todos estos años no va a poder nunca y no me importa lo que me tenga que pasar por que sé que en ese lugar al lado de ese robusto pino siempre habrá un hueco para nosotros y nuestras canciones.

Amanecer

“Tú serás mi amanecer”. Así se titula la canción que tengo de fondo en estos momentos. Supongo que todos tenemos algún “amanecer” en nuestras vidas, por eso es que (o debiera ser) nos levantamos cada día.

Yo por supuesto también tengo “amaneceres” en mi vida, pero hay uno, uno en especial que por qué no decirlo, me ha robado el corazón. No lleva mucho tiempo en mi vida, pero lo poco que lleva...Lo siento, no necesito nada más.

Él me da la paz que nadie me sabe dar, me saca las sonrisas más limpias que nadie ha visto en mi cara en los últimos tiempos. Hace que mis ojos olviden todas las lágrimas que he derrochado durante todos estos años. Y sin palabras, me deja sin palabras.

A su lado me vuelvo vulnerable, me libero de mí, del resto de la vida dándole cero importancia al mundo. Con él me da igual todo lo demás, y todos los demás, y que se caiga el sol si quiere.

Y cuando nos tumbamos los dos y lo miro y me mira, y me toca la cara, y le doy el último beso antes de que se duerma con el sonido de mi corazón.

Mi niño bonito, mi pequeño Izan. Tú eres mi “amanecer”.

La magia

Después de tanto tiempo sin dejarme caer por aquí por fin vuelvo. Retomar ciertas cosas nunca es sencillo y menos si en ella implicas sentimientos ¿no? Hablar es muy fácil, demasiado fácil incluso. Lo difícil es hacerse entender por eso digo que… Bueno da igual.
Creo que me hago mayor. Sí. Últimamente lo pienso a menudo y definitivamente no quiero crecer. ¿Qué inmadura no? Quiero decir…
Veréis no es que no quiera ser responsable, no es eso no. Es que no quiero perder la magia. Esa magia que tienen los niños en sus ojos. La magia de la inocencia, de la ignorancia, de sentirse tan grandes cuando son pequeños y… Fijaos, no puedo pasar por alto el decir que cómo cambian las cosas si a veces somos los grandes los que nos sentimos tan pequeños…
Y que da igual lo que pase por que siempre tendrás a los aitas para protegerte de los males del mundo como superhéroes invencibles que son ¿miento? Dulce magia.
¿Y qué si quiero empezar la casa por el tejado, pintar árboles morados y el sol y la luna dados de la mano? Si sé que lo van a colgar en la nevera con un imán de algún viaje a Torremolinos de algún familiar que probablemente no recuerde tapando mi anterior dibujo, ese en el que pinté a mi padre, a mi madre y a mi hermana mayor en un descampado verde, un árbol, una casa y un sol.
Y esa será mi mayor obra de arte y cuando vengan los aitonas lo verán y se pondrán a mi altura para comentar sobre lo bonitos que son mis árboles morados… y otra vez esa magia.
En fin pero lo que toca es lo que toca y ya van casi veinte primaveras las que he vivido ¡Y qué primaveras! Eso sí, pienso caminar de la mano con esa niña que aún llevo dentro y que por muchas veces que se me escape yo vuelvo a encontrar escondida en algún rincón con esa sonrisa llena de… Esa sonrisa llena de magia.