sábado, 17 de septiembre de 2011

Tengo un ángel en la tierra.


Yo tengo un ángel que esconde sus alas por si álguien las quisiera cortar, que viste de tejanos para salir a pelear a la calle con una mano delante y la otra detrás. Tengo un ángel al que la vida no le ha hecho muchos regalos y aún así sigue caminando. Tengo un ángel rubio de metro sesenta que me ha dado la vida, que me lo ha dado todo y al que pocas veces le he sabido agradecer nada.
Tengo un ángel bondadoso que trabaja en silencio, que regala amor sin pedir nada a cambio y que daría la vida por mi si es preciso.
Tengo un ángel que a veces se cansa, que a veces llora, que a veces se siente solo. Pocas veces le demuestro que le quiero, pocas veces se lo digo. Muchas veces he hecho llorar a mi ángel, muchas veces le he hecho sentirse mal y muchas veces le he hecho daño y aún así jamás su amor por mi ha disminuido.
Tengo un ángel que ha cuidado de mi estos diecinueve años lo mejor que ha sabido. Y yo quiero que sepas, mi ángel, que lo has hecho bien que no te arrepientas de nada, que lo vivido vivido está y que si vas a mirar atrás sólo sea para dar una patada al pasado.
Quiero decirte que jamás he deseado a otra persona, a otro ángel a mi lado, que tú eres de lo mejor que me ha pasado en esta vida.

Yo sí puedo presumir de tener un ángel en la tierra, y ese ángel es mi madre.

martes, 13 de septiembre de 2011

Lunes noche.

Son las tres o cuatro de la mañana, que se yo. Y aquí estamos más borrachos que nunca.
No se si es la luna llena o que la quinta copa está demás, pero ésta noche tienes un brillo especial. Da igual que sea lunes pues tu y yo seguimos brindando por lo mismo que brindábamos el sábado pasado: por nosotros. Y tras un largo trago a nuestro cubata de vodka barato un cálido silencio, y me miras y te ríes y te miro y me muero.
Otra noche más bebiéndonos la vida con hielo tu y yo, ¿para qué queremos más?. Y así mientras nuestras copas se agotan y los cigarros se consumen vamos confesándonos con miradas. Pensaba decirte que te quiero, pero el alcohol me a adormecido la lengua así que, que cojones... voy a besarte.
Se acabó mi copa, dame tu mano...Estás ardiendo. No, si yo también creo que nos sobra ropa.
Y antes de poder lanzarme a tu boca ya estabas tu en la mía, y de ahí a meternos mano apenas unos segundos.
Ésto va a acabar bien, pienso. Eres gracioso hasta intentando desabrocharme la camisa, déjame anda, no te pongas nervioso.
Ven, te voy a quitar los pantalones, hoy no te vas de aquí sin hacerme el amor...
Y a partir de ahí solo recuerdo tu cuerpo, el mio y un viejo sofá de cuero marrón testigo de todo aquél placer. Y aunque la resaca me cala hasta los huesos despertarme a tu lado es sin duda mejor que nada.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Non svegliarti.

Anoche me asomé a la ventana y para mi sorpresa todo seguía igual y además, llovía.Llovía como si fuese lo último que iba a pasar en este mundo, el agua inundaba las aceras de mi calle casi con violencia llevándose con ella todo lo que pillaba por el camino, y sin embargo nada había cambiado, nadie contemplaba el cielo gris anoche, solo yo.
Y minuto tras minuto veía todas las gotas que empapaban la calle, y vi al perro refugiándose en su caseta y al vecino de enfrente bajar la persiana encerrándose así en su calor hogareño. Y yo tenía frío y me estaba mojando, y todo seguía igual.
Después de un rato más viendo correr el agua cerré la ventana, me quite las gotas de agua de la cara e inexplicablemente rompí a llorar, lloraba como una niña pequeña y lloraba con todo el dolor del mundo.
Lloraba por que me sentía insignificante, pequeñita, perdida e incluso sola.
Da igual cuanto cambie la vida que ahí fuera todo va a seguir su curso, después del día caerá la noche y otro amanecer llegará.