Me faltó algún que otro abrazo, algún que otro te quiero y tal vez algún hombro donde llorar, y es que me curtí así; recogiendo resquicios de cariño. Las sobras, el tiempo restante, los ratos libres. Aún así me alegraré de que el que tuvo que ser mi amor y no fue se lo quedaran otros. Al fin y al cabo hoy su felicidad es la mía y mi cariño es todo suyo.
La fortaleza me pertenece, me caracteriza y me protege, aprendí que no hay que dejarse pisar y que nadie va a hacer por mi más de lo que puedo hacer yo. También aprendí a no llorar, y a mantener la entereza, supe que la vie en rose no lo es tanto, pero que a veces tiene sus toques de color. Me instruí en mantener los pies en la tierra y la cabeza en su sitio. No hay dolor siempre me acompañó y deseché pronto la idea de sufrir por nada.
Pero a día de hoy, echo de menos sentir, echo de menos llorar, echo de menos ser capaz de pedir un abrazo, echo de menos poder decir que tengo miedo.
Y ahora echo de menos no poder echar de menos lo que no tuve nunca.
No hay comentarios:
Publicar un comentario