Pudimos frenar en seco pero ya era tarde, íbamos demasiado deprisa como para no querer dejarnos llevar. Ambos sabíamos cual era el destino pero ninguno de los dos quiso mirar en el mapa cuanto camino quedaba.
Y nos quisimos, nos amamos a cada centímetro aún sabiendo que aquello no era para nosotros, que no llevaba nuestro nombre. Nos arriesgamos a sentir.
Y perdímos. Como aquél niño que pierde su globo y observa como se aleja siendo consciente de que es la última vez que lo va a ver.
Perdímos como quien se apuesta la vida en una mesa de BlackJack y vuelve a casa arrastrando el alma. Con la diferencia de que tú y yo antes de empezar a jugar ya habíamos perdido.
Me encanta Goi, como siempre.
ResponderEliminarPinkels