lunes, 13 de junio de 2016

No, no pienso titularlo "Lo siento".

Lo siento, no se explicarte ésto, que soy tan frágil por dentro que, a veces, un simple pestañeo puede partirme en mil pedazos, que hay nubes en mi cielo que siempre van conmigo y que tengo metros infinitos (aún que el infinito para ti no existe) de papeles con palabras entrelazadas que lo significan todo y no significan nada.

Lo siento, lo se, no me entiendes y puede que jamás llegues a hacerlo del todo y supongo y casi puedo confirmar que romperías todos tus relojes por que se parara el tiempo y poder rascar en lo mas turbio de mi alma. Y también se que desharías todos los lazos que tengo y que a veces (sin querer) te atan.

Lo siento por que se que te ahogas en la controversia de mis discursos, esos que para mi tienen claro sentido y para ti son un cúmulo de interrogantes.

Lo siento porque se que de mis guerras internas, a veces, salen nuestras batallas y creo que te voy matando lentamente sin ni siquiera darme cuenta. Y hago de mis cicatrices tu sangre.
Que lo siento, de veras, siento no saber explicarte mis eternas ausencias, no poder contarte cuan profundo bajo cada vez que me rozas en esa sensibilidad llena de pasado que núnca te he querido mostrar.

Y, en serio, lo siento, no se explicarte ésto, que soy tan frágil por dentro que, a veces, un simple pestañeo puede partirme en mil pedazos, que hay nubes en mi cielo que siempre van conmigo y que tengo metros infinitos (aún que el infinito para ti no existe) de papeles con palabras entrelazadas que lo significan todo y no significan nada.

miércoles, 14 de octubre de 2015

Cristales, cicatrices, ojos.

Tengo miedo a que se apague la música y nos volvamos a quedar a solas mi respiración y yo, porque me da eso, miedo, sentir la cama tan vacía de caricias y tan llena de restos de cristales de bohemia que fuimos rompiendo entre vaivenes a deshoras y a deshonras. Cristales que me acorralan en el rincón de la cama donde únicamente moría yo.

Porque pasa el tiempo y me voy llenando de cicatrices y me voy cosiendo a los ojos de algún paisaje que no conoceré en la vida y eso, me da miedo acabar conmigo sin mí, acabar sin mi conmigo, sin entender qué es lo que se puede leer en los rostros ajenos. Me da miedo, eso, mirarme al espejo y no saber a qué se debe tanta incertidumbre en la mirada.

martes, 23 de junio de 2015

Otra más.

La última luz se apaga, la casa queda a oscuras velando por los sueños y yo vago entre los minutos agarrandome a las horas que pasan irremediablemente una canción tras otra, un recuerdo tras otro, una calada tras otra. Voy cosiendo a mis sabanas ideas que no aprendí a coser al corazón y guardo debajo de la almohada todos esos miedos que me arropan cuando todo desaparece ante mi vista.

Batalla tras batalla viy curando mis heridasccon saliba y alguna lagrima mientras lleno mi libreta de post datas y borrones.

Y por fin mi cuerpo pide tregua y se deja ir tras los pensamkentos abstractos que la noche trae y que ha sido larga. Mañana mas, mañana será otro día.

miércoles, 17 de junio de 2015

Ni conmigo, ni sin ti.

Aquí fuera hace un frío que pela. Que te voy a contar que no sepas, si hace días que te cerré las puertas y vagas en los alrededores de mis mayores miedos tocando de vez en cuando y sutilmente algún punto cardinal de mi alma para recordarme que sigues ahí, presente, y que sabes mas de mí que yo misma.

Afirmandome con tu soez vocabulario y tu inestabilidad emocional que tienes las llaves y que vas a entrar cuando te apetezca.

Y haciéndome saber que será en el preciso instante en el que mi último pensamiento conjunto se esté mimetizando con los angostos senderos que un día cualquiera decidí no tomar contigo.

domingo, 15 de febrero de 2015

Sinsentido.

Nosotros somos muy de arrancarnos la piel a mordiscos y hacernos la guerra buscando amor. Nos follamos con la mirada y ese es el problema, que el silencio nos juega malas pasadas porque ni nos buscamos ni nos queremos encontrar y ya hace días que nos perdimos.

Y por favor no me hagas hablar más, que me se todos tus vicios y tus vacíos y también se hacer que te corras y que corras si me alejo donde mi aliento no pueda robarte una vez más el corazón.

¡Pero búscame joder! búscame donde ni yo misma se encontrarme que ahí estaré probablemente con un cigarro entre las manos y la mirada perdida, absorta en cualquier otro pensamiento en el que no estés tú, ni tú ni nada que se haya agarrado alguna vez a mis entrañas y me haya roto los esquemas. Y la vida si me apuras.

Cierra la puerta al salir y vuelve si te pido que no lo hagas. Muérete de ganas de matarme si te digo que es la última vez que me quedo contigo. Y cuando te llame a las cuatro de la mañana para decirte que eres el mayor hijo de puta que he conocido cuelga y ven a callarme la boca. Y que sea siempre un adiós con ganas de odiarnos. Pero lentamente.

sábado, 12 de abril de 2014

Chicles de menta.

Cuando ya no tienes nombre para un sentimiento y las palabras se te escapan de lo coherente y las heridas de la guerra pasada ya no escuecen ni duelen. Sólo están.
Cuando mirarte ya no supone un mar de lágrimas, ni recordarte hace que me tiemblen las piernas. Cuando las noches en vela no me ahogan y el cielo vestido de gala me acompaña a pasear y los cigarros me saben a compañía y a recuerdo.

Y lo malo que es fumar y lo mucho que nos gusta lo malo. A ti y a mí, porque así somos. Que si el reloj hace pasar las horas girando sus manillas a la derecha, a nosotros... A nosotros nos gusta vivir a la izquierda y en rojo.
Y que los chicles sean de menta y cuanto más piquen mejor y si todos abajo nosotros arriba.

viernes, 27 de diciembre de 2013

Oda al espumillón

El espumillón cuelga adornado cuadros como queriendo envolver recuerdos con la magia de la navidad y que el pasado duela menos y el presente tenga un próspero fututo.

Que las doce del reloj sigan siendo un número y que las horas no signifiquen cuenta atrás.

Y las uvas no pongan fin a un año y el oro en el champagne y la lencería roja nos traigan suerte.

Que bajemos corriendo la cuesta de Enero, que no pasen ni pesen los años.

En definitiva, cuando el espumillón cuelga, todos somos más humanos.


Para mi tío Proko, fan incondicional del espumillón.