sábado, 12 de abril de 2014

Chicles de menta.

Cuando ya no tienes nombre para un sentimiento y las palabras se te escapan de lo coherente y las heridas de la guerra pasada ya no escuecen ni duelen. Sólo están.
Cuando mirarte ya no supone un mar de lágrimas, ni recordarte hace que me tiemblen las piernas. Cuando las noches en vela no me ahogan y el cielo vestido de gala me acompaña a pasear y los cigarros me saben a compañía y a recuerdo.

Y lo malo que es fumar y lo mucho que nos gusta lo malo. A ti y a mí, porque así somos. Que si el reloj hace pasar las horas girando sus manillas a la derecha, a nosotros... A nosotros nos gusta vivir a la izquierda y en rojo.
Y que los chicles sean de menta y cuanto más piquen mejor y si todos abajo nosotros arriba.